Oración del 1er domingo de Adviento

La oración colecta del primer domingo de Adviento deriva en gran parte del Sacramental Gelasiano, uno de los más antiguos libros litúrgicos del siglo sexto-séptimo, que contiene en gran parte textos para la Misa de la Iglesia romana, que fueron enviadas a las Galias.
Texto típico:Da, quæsumus, omnípotens Deus, hanc tuis fidélibus voluntátem, ut, Christo tuo veniénti iustis opéribus occurréntes, eius déxteræ sociáti, regnum mereántur possidére cæléste
Traduccion literal:  Dios omnipotente, te rogamos: concede a tus fieles esta voluntad que corriendo encuentro con obras justas a tu Cristo que viene,asociados a su derecha, merezcan poseer el reino celeste.
Texto oficial en castellano:  Dios todopoderoso y eterno, te rogamos que la práctica de las buenas obras nos permita salir al encuentro de tu Hijo que viene hacia nosotros, para que merezcamos estar en el Reino de los cielos junto a él.
Texto official en italiano: O Dio, nostro Padre, suscita in noi la volontà di andare incontro con le buone opere al tuo Cristo che viene, perché egli ci chiami accanto a sé nella gloria a possedere il regno dei cieli.  

Cuando nos ha revelado el misterio de la oración cristiana, Jesús nos enseño a no desperdiciar palabras, es decir a no volcarle encima a Dios la lista de nuestras necesidades y nuestras solicitudes. La verdadera oración no es la que se fija en la necesidad sino la que se fija ante que todo en el Señor Jesús. La imagen biblica que está al centro de esta oración es la de Mateo 25, el glorioso retorno del Señor al final de los tiempos, cuando a su derecha irán los que han cumplido obras de justicia.
Es muy bonito porque, conosciendo por revelación cual es el lugar de los salvados (la derecha del Señor), no preguntamos sólo de ser “levantados por los pelos” en la parte justa. Como Jesús nos ha encomendado de “atreverse”, por lo tanto le pedimos no sólo de salir vivos de la condena, sino que hasta de ser “socios” (sociati), compañeros, amigos del Mesías.
En la oracion ocurre el verbo “correr”: se encuentra a menudo en los evangelios; como el joven rico, que corre encuentro a Jesús para preguntarle nada menos que la “vida eterna”; o los leprosos, a pesar de la ley que les impusiera de quedarse lejanos, corren hacia al Señor.
¿Lo tenemos un deseo así, que nos haga correr hacia el Señor? He aquí el corazón de la plegaria en este principio de año litúrgico: “concede a los que creen en ti la voluntad…”. Es su misma voluntad, es querer lo que Él quiere, desear lo que Él desea.
Las obras justas, obras de justicia, son justo el fruto de esta su voluntad que le pedimos como regalo. No le preguntamos a Dios el premio porque hemos estado actuando correcto, sino el premio de ser justos, porque no hay nada más justo que desear lo que el mismo Dios desea.

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