Correr como una novia

ORACION DEL II DOMINGO DE ADVIENTO
Original latino: Omnípotens et miséricors Deus, in tui occúrsum Fílii festinántes nulla ópera terréni actus impédiant, sed sapiéntiæ cæléstis erudítio nos fáciat eius esse consórtes. 

Literal español: Dios omnipotente y misericordioso, mientras nos apresuramos al encuentro de tu Hijo, ninguna obra de la actividad terrenal nos obstaculize, sino que la enseñanza de la sabiduría celeste nos convierta en sus consortes.  

Liturgico: Dios todopoderoso y rico en misericordia, que nuestras ocupaciones cotidianas no nos impidan acudir presurosos al encuentro de tu Hijo, para que, guiados por tu sabiduría divina, podamos gozar siempre de su compañía. 
Mientras con toda la Iglesia invocamos la llegada del Señor, la oración litúrgica de este segundo domingo de Adviento (del Sagramental Gelasiano), nos solicita todavía a caminar hacia al Señor, a hacerlo más bien con rapidez y sin impedimentos.

Es muy alumbrante la última palabra de la oracion: “consortes”.” Viene del vocabulario nupcial y nos ofrece la posibilidad de comprender el sentido de este dúplice camino del Adviento: el camino de Dios hacia el hombre y la marcha de la Iglesia hacia Cristo. Esperamos al Señor porque viene, pero también nosotros vamos hacia a Él.
La intensidad del amor apasionado de la novia para su novio, nos empuja a identificar y a llamar por nombre cualquier cosa sea de tropiezo y de obstáculo en realizar este encuentro. No quiere decir que la actividad terrenal, en si misma, sea necesariamente un impedimento al amor por Cristo, pero podría serlo.
La sabiduría celeste que nos instruye no es una voz alienante, que sugiere pensamientos devotos. El cielo de la fe no es alternativo a la tierra de las obras. Es mas un horizonte que ayuda a no perder la meta y a no olvidar el amor.

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